La Coctelera

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...jugando cada tarde a conquistar el Mundo.

4 Octubre 2007

¿Échame una mano, prima, que estoy muerta y no sé qué vestido ponerme!

Las Catacumbas de los Capuccinos

Las catacumbas de los Capuchinos en Palermo,
Sicilia (Italia) alberga uno de los museos mas escalofriantes
y singulares del mundo.

Las catacumbas datan de 1599 cuando se enterró
por primera vez a un monje con fama de santo para
que fuera rezado y visitado, el Hermano Silvestro de Gubio.
Así descubrieron los monjes las especiales condiciones
climáticas que reunían las catacumbas.

Poco a poco esto fue convirtiendose en una tradición
local, al punto de que muchos dejaban instrucciones en
su testamento respecto a las ropas que lucirían después de
muertos e incluso las que deberían ponerle pasado un tiempo.
Así se fueron reuniendo aproximadamente un total de 8.000
cadáveres que se exponen como si de una galería de la
muerte se tratase. Muchos fueron embalsamados con
diferentes métodos.

Están expuestos en hileras clasificados en Hombres, Mujeres,
Niños, Vírgenes, Monjes y Profesionales. En el pasillo de los
profesionales podemos encontrar jueces, profesores,
militares algunos incluso enterrados con sus ropas militares
estilo napoleónico. Muchos de los cuerpos han sufrido
deformaciones por el paso del tiempo o han perdido
algunos de sus miembros.

Destaca por el estado de conservación el cuerpo
de la pequeña Rosalía Lombardo una niña de 2 años
que parece más bien dormida. El cuerpo fue momificado
en 1920, por el doctor Solafia, mediante inyección
de compuestos químicos pero hasta el día de hoy
se desconoce la fórmula, pues se llevó su secreto
a la tumba. Este fue uno de los últimos cuerpos
que se depositaron en las catacumbas de Palermo
que actualmente se pueden visitar mañana y tarde.

Una tradición Mortuoria
En Palermo, hasta el s. XVII, siguieron
la costumbre de los franciscanos del culto
a los muertos teniendo sepulturas exclusivas
para los hermanos, no aceptando que fueran
enterrados los particulares. Esta idea cambió
a principios del s. XVII debido al traslado de los
conventos a la periferia de la ciudad, donde tenían
que construir capillas a expensas de algún
benefactor que a veces les cedía un edificio
con la condición de que a su muerte fueran
enterrados en ellos, reservándose así el
derecho de sepultura.
Por un Decreto de la Santa Sede de 1637
se concedió permiso a los capuchinos para
enterrar en sus cementerios a extraños de la Orden.
Así se cumplía el deseo de los fieles de reposar
cerca de las reliquias de los santos y en la
Iglesia pensando que así estarían también
más cerca de la oración y en lugar santo.
Las actuales catacumbas, que han dado fama
a la Iglesia y Convento de Capuchinos de Palermo,
proceden del año 1599, cuando los frailes comenzaron
a excavarlas y ampliarlas bajo el altar mayor por
varios motivos: primero porque el lugar primitivo
resultaba ya insuficiente y segundo porque decidieron
trasladar los restos de los hermanos allí enterrados
para dejar un lugar vacío que, debidamente
acondicionado, sería utilizado como refugio u
hospital para los viajeros que llegaban a Palermo
de noche y no podían entrar en la ciudad cuyas
puertas se cerraban herméticamente. Así, la
primitiva cripta se transformó en hostería y hospital
o refugio de viandantes.
Pero la gran sorpresa para los padres capuchinos
fue que al ir a retirar los restos óseos de los enterrados
para trasladarlos a las nuevas sepulturas de la
catacumba, hallaron que los cuerpos de 40 de
ellos se conservaban con la carne flexible aunque
momificada, como si hiciese poco tiempo que hubiesen
muerto. Esto fue a causa de la sequedad del terreno
y las corrientes de aire. Pero además, los
hermanos capuchinos desarrollaron una serie
de técnicas especiales de embalsamamiento
que les permitían conservar los cuerpos en buenas
condiciones, evitando la putrefacción.

Estos cuerpos habían sido enterrados siguiendo
su costumbre, sin caja, directamente en la tierra,
como los musulmanes, en nichos excavados en las paredes.
Trasladaron los cuerpos a sus nuevos refugios y, a medida
que hacía falta, iban excavando nuevas galerías
subterráneas así como nichos en sus muros donde
colocaban los cuerpos de las frailes fallecidos.

Robado sin ninguna vergüenza en absoluto a una página escalofriante cuanto menos.

Tags: muertos

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